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martes, 26 de julio de 2011

Lluvia pasajera

Aun estaba el sol cuando me senté en el cordón, se sentía ese olor a vapor de cemento, mezclado con algo de  tierra, la lluvia de ciudad. De pronto como de repente ella llegó. En ese momento comencé a mirar la calle, los arboles, a ella con su calma, acudiendo al llamado de los que la necesitan. Dejé de pensar instantáneamente, si el mundo se detuviera por momentos de seguro este sería uno de esos. No quería que nadie interrumpiera nuestra intimidad, tenemos tan pocos momentos a solas que no recuerdo la ultima vez.
De seguro habrán pasado horas juntos, mis manos, mi piel, mis ojos, mi pelo, no eran los mismos, eran plenamente felices, estaban a gusto con tu presencia, y el saber que no es un momento eterno hacia más caótica mi procesión. Mi cuerpo opto por solo quedarse igual, sin moverse, inmóvil, mudo al no poder comprender todas las cosas que le decía mi corazón.
Estuvimos largo rato mirándonos pero ella debía seguir su camino y yo tendría que comenzar a olvidarla, aunque en la mayoría de las veces me niego a resignar esos recuerdos y hace que mis días, semanas, meses, más pesadas de lo que pensé. Y no importa si es razonable o no, estoy dispuesto a entregar todo mi tiempo a cambio de volver a sentir ese momento con ella.

¿Sentimiento auto destructivo?,
¿Romanticismo?,
o quizás solo falta de afecto.

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